Exaltación del Silencio

Filosofía, Fuerza Natural, Opinión, Política

Ahora que todos hablamos y opinamos; que los medios nos inundan de alegrías y tragedias ajenas… y nos convidan a condenar sin mancharnos las manos, a hablar y a enojarnos y a llorar por cosas que no vemos ni tocamos; hoy que todos somos profetas electrónicos y dadores de verdades, insinceros opinólogos. Ahora mismo, en este estado de las cosas, quiero hacer una exaltación del silencio.

El silencio, acaso el único sitio en que residiera la Verdad —si residiese en algún sitio. El silencio, como un refugio al rumor, al murmullo y al grito… Algo como un bastión donde protegernos o un atalaya donde observar sin implicarnos, donde abrazarnos.

Llamo a rehuir de las consignas o los eslóganes, las ideologías y los discursos. Pido ser conscientes del peligro de las palabras vacías y teledirigidas multiplicándose como una espuma que sofoca, como un agua servida que todo lo inunda y todo lo intoxica. Digo huir de las palabras como cárceles y abandonarnos al vacío del cosmos… sentir la callada presencia de las cosas, la totalidad que existe más allá de nuestras revanchas y voluntades, más allá de la ilusión de los emblemas, la pompa del poder y la mentira del ego.

Llamo a entregarnos a lo real, a la sabiduría absoluta que reside tras el incendio de los discursos, a despegarnos de los personajes y enfocarnos en las personas; pido perderle el miedo al silencio, a callar como un modo de salud, a dejar al pensamiento en el breve campo que le corresponde y residir en la atención plena que no precisa de idiomas para comprender lo que somos, para iluminarnos.

Anuncios

Retrospectiva

Aguafuertes, Ensayos, Filosofía, Narrativa, Opinión, recuerdos, Vida diaria

Durante mucho tiempo fui un mal tipo: un resentido, un envenenado. Me olvidé de la ternura y herí a quienes más amo por insincero, por avaro, por estar enfermo de miedo.

Me dicen que lo bueno es que me he dado cuenta. Puede ser, pero el daño cometido, el dolor que generé no se deshace. Cabe aclarar que siempre me creí un tipo excelente y generoso. Qué equivocado se puede vivir, qué engañado… Nadie más desconocido para uno que uno mismo.

Prioridades

Opinión, Vida diaria

Viví empezando cosas para dejarlas inacabadas. Hasta ahora, poco superó la fase de “idea” o “proyecto”: soy el escritor de las obras sin terminar creo que dije alguna vez. A veces pienso la historia de un escritor que se vuelve famoso porque todos sus cuentos y novelas son obras inconclusas.

Durante mucho tiempo me acusé de inconstante, de no tener compromiso con la literatura y un largo etcétera de conmiseraciones y de flagelarse intelectualmente. Pero ahora vino la madurez, el crecimiento. Hoy me doy cuenta que el principal problema fue no saber enfocarme, no priorizar — el que intenta ser todo nada es.

Aún estoy en fase de discernimiento, me quedan muchas decisiones pendientes, pero si es verdad que este año que se va me deshice de muchas cosas: dejé mis clases de clarinete, dejé el taller de escritura, renuncié a grupos de investigación que me hubieran llevado a viajar y viajar y viajar (siempre dentro de Buenos Aires, aclaro).

Lo que sí tengo claro es que la meta es la literatura. Escribir. Tomar todos los cuentos inacabados, las novelas, los guiones de historieta y decir “a ver… ¿por donde empiezo?”; entender que no podré terminar todo lo que me viene a la cabeza, y que es mejor hacer poco y cometer errores -pero hacer-, a estar detenido –en la perfección de la inmovilidad-, parado en un punto del camino ante mil encrucijadas y no decidirse por ninguna.

hiker-1149877_1920

El Retorno

Cuánto cuento, Narrativa, Política

Estas palmeras… Me han acompañado desde la primera vez que pisé esta casa, Rodríguez. Han pasado revoluciones, golpes de estado, azules y colorados, conservadores, radicales. Entraron y salieron emisarios del imperio, embajadores, leales y traidores… pero ellas siempre estuvieron aquí. No digo esperándome, no… Pero imagínese que después de casi veinte años volver y con todo lo que ha pasado verlas de pie, más grandes, pero incólumes… y yo volviendo más viejo, más cansado, volviendo a pesar de mi mismo ¿sabe? Yo no sé si el que la gente esperaba y el que realmente volvió sean el mismo, o peor: si el que la gente esperaba alguna vez existió. A veces pienso que ese y yo solo compartimos el apellido, la cara… pero muy poco más…

Este patio en invierno es maravilloso, Rodríguez, un oasis, un refugio a cielo abierto. Recuerdo que cuando fue lo del 55, yo vi pasar un avión de Marina y supe que venía algo malo, un quiebre… que se venían tiempos difíciles para el movimiento, si es que alguna vez existió “El movimiento”. Venga, acompáñeme, vamos recorriendo un poco y hablando, si le repito algo, me dice: soy un viejo y los viejos repetimos cosas. Si no me venga con pavadas y lisonjas: ya estoy viejo y cansado, el cuerpo pide descanso. Estoy cansado, Rodriguez: cansado y enfermo. A veces me pregunto qué sentido ha tenido este retorno, se que a los yanquis esto los ha tranquilizado, vea. No ponga esa cara, no se asombre. Los muchachos creen que puedo pacificar las cosas, qué se yo… contener a estos chicos que ahora quieren hacer la revolución. A mi Fidel me cae muy simpático, es un hombre que sabe, pero las revoluciones… las revoluciones no son vacas ni televisores… no se pueden importar. Los chicos quieren la Argentina Socialista y a mí me da un poco de gracia ¿para qué vamos a armar un socialismo en Argentina? Es verdad que es una linda palabra y, mea culpa, yo también la usé para ilusionarlos un poco a estos chicos, vea.

Tiene linda vista este balcón. La plaza no es tan linda, a mí nunca me gustó. Esos maceteros, esas fuentes… son mucho más lindas las plazas europeas: amplias, secas, llenas de mesitas de los cafés, cosmopolitas… esta es una plaza de pueblo. Pero bueno, ahora estamos sonados, porque es “histórica” y y es intocable. “Acá se mojaron las patas los descamisados” dice la gente… Qué quiere que le diga: a mí me choca un poco que de un acto inadaptado como ese, una contravención, se construya una leyenda gloriosa. Es muy de nosotros, vanagloriarnos de nuestros defectos. Pero ha pasado tanto en esta plaza… recuerdo los millones de personas agolpadas diciendo mi nombre, los carteles, el rumor de las muchedumbres… para mí era un sufrimiento. Nunca me gustaron las muchedumbres, no me gustan las aglomeraciones de gente. Cada vez que tenía que salir a hablar me tenían que empujar. Hace poco dije eso de que llevaba en mis oídos la más maravillosa música y fue mentira… una mentira piadosa. Eva les decía “mis grasitas”, los quería, yo también los quiero, pero…  es gente sin clase, a veces son tan desagradables… me he pasado en España la mayoría de los días encerrado en mi casa. Me gusta la quietud, el silencio, la soledad. Jamás disfruté los discursos, la adoración como si fuera un dios. Porque esos pobres ignorantes me tomaban por eso… por un dios, un mesías.

El personalismo es algo que sucede contra la propia voluntad de uno, Rodríguez. Recuerdo me traían libros de lectura, cuentos, afiches con mi cara y sentía que se estaban robando mi imagen: construyendo un gemelo mío, un doble que se llamaba como yo pero no era yo, jamás me reconocí en las grabaciones, ni en las filmaciones. “Ese es otro” me decía.

Ese pisapapeles me lo regaló Richter ¿se acuerda de Richer? Todo el mundo decía que estaba loco, que era un extraviado. Pero el tipo era una eminencia. La fusión fría fue un hecho. Allá en Bariloche sucedió algo que hubiera cambiado la vida a todo el mundo. Fue histórico. Pero hubo presiones, usted sabe… Muchos intereses que se sintieron amenazados, las grandes petroleras, los trust financieros, Estados Unidos y Gran Bretaña presionaron para que la fusión nuclear no saliera a la luz. No podían permitir que un país del tercer mundo de pronto innovara de ese modo, que nos pusiéramos a la vanguardia científica. Los yanquis estaban como locos: la Standard Oil le apretaba las pelotas a Truman porque se terminaba el negocio de los combustibles fósiles, usted sabe: estábamos hablando de cientos de millones de dólares. La Shell…

Me pidieron que desmintiera todo, que desacreditáramos al pobre Richter, que lo hiciéramos pasar por loco. Intenté resistirme. En algún momento pensé en desafiar a esos poderes, pensaba que tanto Gran Bretaña como Estados Unidos eran países debilitados por la Gran Guerra. A veces pienso que hubiera salido bien, pero el costo humano era enorme y las fuerzas armadas ya no me respaldaban. Kurt Tank se enojó muchísimo, me dijo que no podía dar marcha atrás, se ofreció a producir aviones a reacción en serie para que Argentina tuviera la Fuerza Aérea más poderosa del mundo, pero Bramuglia me decía que era una locura darle tanta fuerza a la Aviación. Yo soy Ejército y conocía bien la sed de poder de esos muchachos. Finalmente, vea, decidí que lo mejor era ceder. Capitulé a cambio de conservar otras conquistas, quiero creer. Hoy no estoy tan seguro de haber hecho bien.

Decidimos hacerlo pasar por loco a Richter, gente de inteligencia trazó un plan, que autoricé:  empezaron a suministrarle psicoactivos para afectar su raciocinio. El pobre hombre se derrumbó, igual que todo el proyecto. En algún lugar de los Archivos del Estado están todos los documentos ocultos para que, algún día, si alguien lo encuentra puedan llevarlos a cabo. Un país se construye lentamente, Rodríguez y quizá no sea en este siglo, pero quizá en un futuro podamos ser la potencia que soñamos.

Ejercicio narrativo con un pasaje de “El Amante” de Marguerite Duras

Cuánto cuento, Fuerza Natural, Hermosas Ventanas, Narrativa, Papeles encontrados, Sueños

“Callan a lo largo de la noche. En el coche negro que la lleva al pensionado apoya la cabeza en su hombro. El la abraza. Le dice que está bien que el barco de Francia llegue pronto y se la lleve y los separe. Callan durante el trayecto. A veces el hombre le pide al chófer que vaya a lo largo del río para dar una vuelta. Se duerme, extenuada, contra él. La despierta con sus besos. Se incorpora…” *

 

Pero ahora está en un sombrío tren cruzando las montañas. Es un camarote de madera oscurecida por el tiempo: hay literas y los dos sillones de caña de su Abuelo. Mirando por la ventanilla su tío Orélie, el que murió hace tanto, fuma una pipa de madera de largo cuello. Raro en él, nunca fumó, piensa sorprendida. También está un compañero de colegio de su infancia y su abuela Amelia. El hombre del coche negro ahora es un perro bretón que duerme junto al fuego, porque en el camarote hay un hogar. Se acerca a la ventana, su tío le dice que parece que lloverá en cualquier momento. Ella mira por la ventana y ve el antiguo fondo de acacias de la casa de verano en la campiña. No están los bancos de piedra, sino una gran mesa de mantel blanco y frutas de colores muy vivos. Estacionado a pocos pasos un antiguo oldsmobile serie 66 sedan, que tiene una cola de cocodrilo, doblada sobre sí, tapando las ruedas traseras. En el lugar del conductor, un hombre de sombrero bombín, vestido de negro, la mira tras una manzana que flota sobre su cara.

Se da vuelta para hablar con su tío, pero ahora está en un departamento de paredes con azulejos como los del metro londinense, blancos. Hay un rumor de gente al otro lado: “esto es la cocina”, piensa. Va hacia la puerta, caminando hacia las voces. Se encuentra con el hombre del coche que ahora tiene la cara del vendedor de verduras de la feria. Se toman de la mano. Ella tiene las uñas pintadas de negro. La puerta no se abre. Empiezan a tirar los dos muy fuerte. Hay risas del otro lado. Los dos toman a la vez, con fuerza el picaporte. Tiran y empujan. Los dedos de ambos se unen, se tocan. De pronto la mano de él es una pinza de rojo muy vivo como las de la langosta de la cena.  Lo mira sobresaltada.

Se incorpora en la cama con el corazón latiendo muy fuerte y empieza a llorar.

d0caa57999cabc33657393a2a3379352

Cuadro de Jacek Yerka

______

*El Amante, Capítulo 24.

 

Tirar por la borda

Aguafuertes, Narrativa, Opinión, Vida diaria, Vida propia

Harto de la presión y la tristeza, de la ansiedad y la obsesión y el miedo por encontrar a  Tánatos  en cada cosa que hago, hoy cuando venía hacia mi trabajo me dije que ya no más. Basta. Basta de tristeza, basta de vivir temiendo siempre lo peor, basta de vivir temiendo ser herido por los que amo, basta de temer herir.

Es demasiada presión, demasiado peso sobre mi espalda; demasiados fantasmas para una casa que ha sido muy luminosa. Basta ya de luto, los muertos bien muertos están, nada puedo hacer por revivirlos: inútil es tirar de sus sábanas para no dejarlos ir: ya se han ido.

Vivir así no me deja lugar para nada: ni para escribir, ni para disfrutar módicamente de la buena suerte que siempre tuve. Porque así es y así ha sido: tengo suerte, los caminos se allanan cuando los ando, mis corazonadas suelen ser certeras, y hasta ahora las llaves que llevo abren las puertas que necesito.

¿A qué vivir preocupado de antemano?¿De qué me sirve vivir angustiado antes de que las cosas sucedan? Por más que viva así no lograré dominar lo real, ni evitar el dolor ni que las cosas sean siempre como quiero. Uno propone y lo real dispone —y a veces ni nos deja proponer: solo sucede. ¿De qué sirve vivir preocupado? Todo lo que sucede, todo lo que me ocupa y me preocupa ha de terminar desapareciendo en el infinito. En pocos años quedará apenas mi recuerdo en estas cosas u otras, pero llegará un momento en que no quede más rastro de mí que el polvo de estrellas que me forma y que será diseminado en otras formas, en otros seres animados e inanimados.

 

//www.instagram.com/embed.js

Lastre

Opinión, Vida diaria

hot-air-ballons-1373167_1920

Llego a fin de año con una carga emocional enorme, por momentos me siento aplastado por la ansiedad, por la frustración de no cumplir con todo lo que ambiciono. Vivo cansado, agotado de llevar una mochila muy pesada. ¿Cuánto, de todo el peso que guarda, me lo impuse?¿Cuánto es descanso de los otros? No escapo a la lógica actual donde, en las capas de la sociedad donde me muevo, la explotación no viene por parte del empleador sino del mismo empleado.

Soy yo mismo el que se exige, el que vive insatisfecho porque usualmente casi no escribe, porque no logra sentarse a rendir los finales que le quedan para recibirse, porque no visita todo lo que quisiera a sus seres queridos, el que tiene el baño con todos los azulejos caídos, el que no dice todo lo que piensa y el que teme ofender a cada paso que da, entre tantas-tantas-tantas otras cosas que me preocupan. Es demasiada presión, demasiada.

A veces pienso que los individuos de mi generación y mi nivel económico (gente de los ochenta, clase media…), a fuerza de no vivir situaciones demandantes vive creándose motivos de angustia. Cuando, como decía en la nota anterior a esta, pienso que mi bisabuelo a mi edad ya era excombatiente de una guerra mundial (además de migrante en una tierra extraña con mi bisabuela y sus hijos, habiendo dejado toda su familia, sabiendo que no los vería más) me quedo admirado de mi propia falta de entereza.

¿Será que esta vida bilbobolsoniana me ha debilitado? ¿Será que en el fondo lo que sucede es que soy un desconocido para mí, que todavía no tuve ocasión de medir mi valía? ¿Qué quiere decir todo esto?¿Acaso estoy deseando vivir cataclismos, intranquilidades, una vida menos burguesa?

En la próxima nota contaré mi experiencia con la numerología, más en detalle pero la vez pasada un amigo me dijo que “estás saliendo del 1 que es un número que pospone cosas, y entrando al 5 que es un número resolutivo” ¿Todo esto será parte de una crisis de la que nazca algo oculto?

Necesito empezar a tirar cosas por la borda, ir tomando temas, evaluarlos y decirme qué tan esenciales son, qué tan en mis manos está resolverlos, qué tan grave es que alguna de esas amenazas que me preocupan realmente pasen… Sino así no hay quien viva y todavía me quedan dos meses para las vacaciones.

 

Ansiedad

Aguafuertes, Ensayos, Vida diaria

Por más que siempre me creí un tipo tranquilo soy una sombra de mi propia ansiedad. Basta que algo amenace mi tranquilidad para debatirme como un espejo de agua al que recién le acaba de caer una piedra: la perdida de paz es inmediata y lo siento físicamente de un modo que me deja agotado.

¿Cómo puedo hacer para retomar todos los proyectos de mi vida si no tengo la temple suficiente para tolerar de manera más o menos indemne los coletazos de las crisis? Tiendo a descentrarme enseguida, a caer en un ascua espantosa que me revuelve el estómago. Por eso cuando pienso que a mi edad mi bisabuelo era ya veterano de guerra (combatió en la 1era Guerra Mundial) me digo ¿no me estaré ahogando en un vaso de agua?

¿Será que por ser hijo de una época de relativa estabilidad y de haber tenido una vida relativamente tranquila me falta fortaleza?

Twitter

Aguafuertes, De Internet con Amor, Lecturas ocasionales, Opinión, tecnología, Vida diaria

Los gatos y el tortugo me despertaron muy temprano. Aún había penumbras en el cuarto y lo único que podía leer sin molestar a Laura era algo en la pantalla del móvil.

Abro Twitter. Twitter es el ruido. Me quedo leyendo a personas completamente seguras de sí mismas atacando a otras personas y veo un regodeo en la impiedad, en la violencia verbal y el ninguneo, la negación o inconsciencia de la humanidad del otro.

Gente que se vuelve célebre según cuan filosa y lacónica sea su lengua escrita. Agresivas serpientes virtuales, bestias algorítmicas, tremendos zapallos. No importa buscar la verdad o no: importa el placer de leer la violencia, de ejercer la humillación. Una batalla campal, una romería, un conventillo… Un loquero de egos buscando vanagloriarse, completamente olvidados que pronto todos morirán y que todo ese berenjenal discursivo será eco de una espuma que luego será nada.